Por Alberto Benegas Lynch (h) para INFOBAE

Se observa con justificada preocupación que el mundo está atravesando por una situación sumamente difícil y no es cuestión de decir que hubo otros momentos por cierto difíciles y también horrorosos en la historia de la humanidad. Los problemas no se resuelven automáticamente, sino que ocurre gracias a esfuerzos concretos de muchas personas que trabajan para revertir el mal.

Estados Unidos, el otrora baluarte del mundo libre, se viene deslizando hacia populismos a contracorriente de los sabios valores y principios de los Padres Fundadores. Los gastos del aparato estatal están creciendo a pasos agigantados con una deuda pública insostenible. Las tensiones mal llamadas raciales afloran a cada rato y decimos mal llamadas porque la raza es un estereotipo, es un invento: en todos los humanos se distribuyen cuatro grupos sanguíneos. Las diferentes características exteriores provienen de ubicaciones distintas en la geografía, por eso es que los criminales nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Como todos provenimos del continente africano, llama poderosamente la atención que en Norteamérica a los de piel oscura se los llame “afroamericanos”, puesto que para el caso quien estas líneas escribe es afroargentino.

En Europa predominan los nacionalismos y las consiguientes xenofobias a los que se agregan prejuicios religiosos que retrotraen a las épocas inquisitoriales que en nombre de Dios, la misericordia y la bondad se enviaban a seres humanos a la hoguera. Especialmente el nacionalismo en Austria, la tierra cosmopolita de la época joven de Stefan Sweig. Se ha engrosado el Leviatán, salvo Alemania a pesar de lo cual aquí y allá recrudecen manifestaciones bochornosas de su pasado reciente, incluso en Gran Bretaña donde la tradición liberal has sido tan vigorosa. España machaca con su socialismo cavernario. En Asia aparecen esperpentos como el de Corea del Norte en abierto contraste con la otra Corea, Japón y Taiwán están dando muestras de mayor estatismo, Rusia está dominada por una camarilla autoritaria enquistada en el poder, en América Latina se producen tragedias como las de Cuba y Venezuela, que lamentablemente tienen otros seguidores entusiastas de las tiranías como es el caso de Nicaragua y otros movimientos en el seno de la región no tan evidentes pero no menos ponzoñosos.

El presidente de Brasil formula declaraciones inauditas y remueve a su prestigioso ministro de Justicia y se pelea con médicos de gran solvencia a raíz del coronavirus, lo cual tiene preocupado al ministro de Hacienda, que hace lo posible por poner paños fríos para dentro de lo que puede seguir con sus faenas. Parecería que el caso uruguayo constituye por el momento un ejemplo de cordura puesto que la situación chilena muestra muchas fisuras y contradicciones.

Son también los modales, las formas que se han deteriorado grandemente en el contexto de valores morales básicos relegados que permiten una sociedad civilizada. Al dictum de “el hábito no hace al monje” se le adiciona con razón “pero lo ayuda muchísimo”. Buena parte de la educación ha dejado de refugiarse en el bastión del pensamiento independiente para en vez alentar la repetición como loros de libretos arcaicos en un pestilente cuadro de pensamiento único. Sin duda que hay formidables impulsos que van en la dirección opuesta pero muchas veces navegan en soledad sin la adecuada y necesaria comprensión. Hay fundadas esperanzas mientras haya navegantes con coraje moral para oponerse a los desatinos y enseñar otras rutas.

No nos detendremos en los padecimientos argentinos puesto que acabo de dedicarles una columna en este mismo medio, pero los desbarajustes se acentúan a medida en que aparecen embates contra la Justicia, se suspende la querella de la oficina correspondiente contra sondas denuncias de corrupción, se pretende otorgan facultades del manejo presupuestario en la jefatura de gabinete a espaldas del Poder Legislativo, se reincide en el control gubernamental de los precios, la emprenden contra comerciantes, se anuncian nuevos impuestos a la maraña existente, se insiste con expandir la base monetaria y se eleva el gasto público ya de por si elefantiásico. Como si todo esto fuera poco, tenemos un Papa peronista que alienta aun más el exacerbado estatismo reinante en casi todas las latitudes lo cual empobrece por doquier.

La pandemia que a todos nos compromete tiene dos andariveles: por una parte quienes se limitan a que se respeten derechos a través de evitar o minimizar contagios y por otra gobernantes que se escudan en el coronavirus para avanzar contra los derechos individuales consagrados en todas las constituciones que desde la Carta Magna de 1215 se promulgaron para limitar el poder.

Pero el objeto de esta nota periodística no es hacer un inventario de las desgracias del momento sino centrar la atención en los motivos fundamentales de tanta malaria. La respuesta consiste en mirarnos cada uno de nosotros los ciudadanos de a pie y comprobaremos que son muy pocos los que ayudan a revertir los problemas con contribuciones concretas para que se comprendan los cimientos morales de la sociedad libre. En este descuido mortal radica la verdadera pandemia.

La inmensa mayoría de las personas mira desde afuera, se ocupa y preocupa de sus menesteres que pueden ser muy legítimos pero no parecen percatarse que el respeto recíproco no es algo que venga del aire y por ósmosis, sino que es el resultado de esfuerzos permanentes. Es por eso que Jefferson reiteraba que “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”. Es por eso que Einstein escribía que “el mundo es un lugar peligroso, no por los malvados sino por los que no hacen nada al respecto”, es por eso que Edmund Burke concluía que “todo lo que se necesita para que las fuerzas del mal se apoderen del mundo es que haya un número suficiente de gente de bien que no haga nada”, es por eso, por último, que Martin Luther King afirmaba a lo cuatro vientos: “No me preocupan los violentos, los miserables sin escrúpulos y los que carecen de ética, me preocupa el silencio de las personas buenas”.

Es de una irresponsabilidad digna de mejor causa lo que demuestran quienes actúan como si estuvieran ubicados en una inmensa platea mirando el escenario donde creen que están las personas que les resolverán los problemas. Este procedimiento es ideal para que se derrumbe el teatro y todo se desmorone.

No es aceptable que haya quienes solo se limitan a criticar en reuniones sociales pero luego de pasado el ágape se dedican a los arbitrajes y a atender otras de sus cuestiones cremátisticas o no pero despegados de la faena específica de poner su granito de arena en el debate de ideas de fondo. Sin duda que para difundir ideas lo primero es saber de que se trata, para lo cual hay que pelarse las pestañas y dedicar tiempo en la biblioteca. No hay pretexto ni justificativo para la abstención.

La cátedra, el libro, el ensayo y el artículo son probablemente los canales más fértiles para lo que venimos comentando en modo alguno es lo único. Un procedimiento muy efectivo es la reunión periódica de muy pocas personas en casas de familia para discutir libros de provecho donde por turno uno expone y los otros debaten lo cual produce un efecto multiplicador notable no solo en el seno de las familias, sino en lugares de trabajo y relaciones sociales en general.

No se trata de limitarse a convocar marchas, cacerolazos o firmar petitorios que pueden ser útiles como apoyo logístico circunstancial pero no son en modo alguno definitorios para clarificar ideas y proyectos de fondo. Al efecto de ilustrar lo dicho transcribo algunas consignas de las marchas del anterior fin de semana que se replicaron en la capital y en diversas provincias argentinas al efecto de comprobar que con la mejor buena voluntad y el mérito de muchos, se trasmitieron señales confusas, contradictorias y por cierto variopintas. Algunos de los reclamos recogidos en distintos puntos del país fueron “fin a la cuarentena”, “quédense en sus casas”, “cuiden a los médicos”, “es la tiranía de los médicos”, “la pandemia es una farsa”, “queremos el bono”, “que suban los salarios”, “controlen mejor los precios”, “Perón y Evita nos cuidan”, “basta de la política económica del gobierno”, “queremos una República”, “libertad para trabajar”, “no a los empresarios”, “terminen con la OMS”, “gracias OMS” y así sucesivamente, con entusiasmos compartidos.

Afortunadamente hay en distintas partes del mundo, incluyendo en el territorio argentino, fundaciones e instituciones dedicadas al estudio y a la difusión de los antedichos principios liberales y hay quienes a título personal trabajan denodadamente en esa misma dirección, también con resultados promisorios, pero no es suficiente, se necesita que todos se comprometan. Es irrelevante a qué se dedique cada uno: todos requieren que se los respete para seguir con sus particulares proyectos de vida.

Entonces la responsabilidad de lo que viene ocurriendo en distintas partes del orbe es de cada uno, no hay cabida para los distraídos. Es un buen ejercicio todas las noches preguntarnos que hicimos en la víspera para que se nos respete. Si la respuesta es nada, no tenemos derecho a quejarnos. Y no vale simplemente decir que si las cosas se complican nos mudaremos de país pues si seguimos en las mismas quiere decir que pretendemos recostarnos en los esfuerzos de otros lo cual a la larga no se sostiene.

Como he apuntado antes, Tocqueville ha dicho que es frecuente que en países donde se ha logrado gran progreso moral y material la gente da eso por sentado lo cual es el momento fatal puesto que inexorablemente otras ideas ocuparán los espacios. También dije que me admira un grafiti del mayo francés en el que la izquierda escribió “seamos realistas, pidamos lo imposible”, lo cual constituye un ejemplo extraordinario de perseverancia y coraje puesto que de tanto empujar la izquierda ha logrado correr el eje del debate y marcar agendas, en verdad son realistas. Mientras del otro lado del mostrador no pocos que se dicen partidarios de la libertad son timoratos y ceden ante “lo políticamente correcto” y en la práctica se dejan arrastrar.

Y no es cuestión de acordar con lo que ahora dejamos consignado sino de tomar cartas en el asunto y proceder en consecuencia. Es hora de terminar con la frivolidad de pensar que los valores de una sociedad libre aparecen por arte de magia: somos cada uno de nosotros responsables. Manos a la obra y no para envolvernos en coyunturas del momento sino mirar más lejos y contribuir al debate de ideas que vayan al hueso de los problemas al efecto de despejar horizontes. Que da trabajo y cuesta mucho, de eso se trata, por supuesto que demanda esfuerzo pero la recompensa es bifronte, por una parte nos podemos mirar al espejo con la tranquilidad de conciencia de haber hecho lo posible y por otra ampliamos las posibilidades de lograr el objetivo.

Cierro este texto con una cita de Ronald Reagan tomada su discurso titulado “A Time for Choosing” que resulta muy apropiada para lo que en esta ocasión marcamos: “Usted y yo tenemos un rendez-vous con el destino. Preservar esto para nuestros hijos, la última esperanza del hombre en la tierra o sentenciarlos al primer paso hacia mil años de oscuridad. Si fracasamos, por lo menos que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan decir que hemos justificado nuestro paso por aquí. Que hicimos todo lo que podía hacerse”.

Deja una respuesta